Cuando en poesía la razón es capital el poema es un pordiosero en
el desierto.
Manuel del Cabral.
La trampa.
La página está en blanco. Le tortura tanta blancura inútil. Pero él no puede...Rechaza tener que llenar la página con disparates. Intenta comenzar. Coge la lapicera. Medita. No escribe. Suelta la lapicera. El papel sigue virgen. Inesperada visita. Una hormiguita honestamente despreocupada comienza a cruzar aquel desierto blanco, sobre el cual está inclinado el pensamiento del hombre que aún no ha comenzado a escribir.
Pero la viajera se detiene en medio del desierto. ¿Por qué? No estaba
fatigada, ni temerosa, ni sufría de amnesia ( no era tan vieja ), ni tampoco se
detuvo a contemplar un paisaje tan desolado, tan lunar. La pobre hormiguita
simplemente esperaba que el dueño del desierto le trazara una ruta... Y él,
por fin, escribió. Llenó la página. La saturó de signos, de palabras y
números. Pero ahora la hormiguita se ha enredado... Ella le pidió un
camino...Y él le llenó el desierto de matorrales...