El Cuentero
Por: Xiomara De la Cruz
Bernato,
así escuché que llamaron a aquel señor tan misterioso que a diario se hacía
presente en la enramada que colindaba con el patio de lo que fue mi casa, y que
ahora funge como un simple atajo para llegar a la carretera.
Aquel hombre cruzaba el puente del recodo todas las noches luego de
repicadas las campanas de la iglesia, para hacer presencia en el lugar. Era
evidente que sus apariciones nocturnas perseguían algún objetivo, pero nadie
se había detenido a pensar en eso, sólo se dedicaban a agotar las noches
escuchando las historias que este hombre solía improvisar cada vez que llegaba
a sus manos un jarro de jengibre caliente.
Yo era un simple chamaco a quien enviaban a la cama temprano y que por
tanto obligaban a escuchar aquellas historias, para mí aburridas.
Noche tras noche mis oídos eran sometidos a aquella rutina; incluso en
los días de lluvia cuando se desbordaba el río, Bernato llegaba al lugar, con
sus botas de plástico y su gorra ya gastada con la que ocultaba la parte alta
de su rostro.
Precisamente fue en una noche de agitada lluvia cuando agucé mis oídos
en uno de los relatos de aquel señor. No
sé por qué sentí que esa noche por alguna razón debía escucharlo.
“Aquel incidente fue aparatoso, no hubo ningún sobreviviente”, fue
lo primero que logré escuchar de voz de Bernato, eso hizo que concentrara aún
más mi atención en la historia. Noté
que se trataba de alguna tragedia; él la relataba con tanta seguridad y firmeza
que parecía ser cierta, pero
como contraste le daba un tono de
irrealidad que la presentaba ante todos como una simple invención.
Quedé dormido cuando Bernato pronunció
la última frase de su historia,
frase que en estos momentos no logro recordar, pero sé que causó en todos
conmoción.
Al amanecer ya pensaba diferente, después de haber escuchado aquella
historia. Bernato dejó de ser el
holgazán que huía de alguna responsabilidad,
simplemente a inventar cuentos en la enramada; por el contrario, no sé
porqué a partir de esa noche empecé a sentir curiosidad por sus historias,
empecé a interesarme por lo que se ocultaba detrás de cada una de sus
palabras.
Ese día esperé a que me enviaran a la cama, quise cenar temprano y acudir a mi habitación antes de la hora acostumbrada, no quería perderme ni una sola palabra, ni una sola silaba, tampoco una letra, de lo que aquel misterioso señor decía en sus historias.
Ya había
pasado mucho tiempo desde que las campanas de la iglesia habían repicado, lo
que indicaban que eran más de las ocho, y aun así Bernato no llegaba.
El sueño
ya se estaba apropiando de mí, pero mi curiosidad e interés por
escuchar la historia de esa noche no me permitían descansar los párpados.
Pero mis intentos de permanecer despierto esa noche fueron en vano, eso
lo supe cuando mis ojos fueron abiertos por los cálidos rayos de sol que entraron por la ventana que daba justo frente a mi cama,
la misma ventana por la cual esperaba que entrara la voz de Bernato.
Me propuse no
dejarme vencer por el sueño ese nuevo día e inmediatamente que se acercaba la
noche, me ahogué en café negro, lo cual me aseguraba mantenerme despierto
durante toda la noche, y así poder esperar a Bernato aunque su llegada al lugar
se retrasara.
De
nuevo repicaron las campanas de la iglesia, y aún Bernato no llegaba, no tuve
sueño en ningún momento, por el
contrario, esta vez los rayos del sol dieron en mis ojos abiertos.
Entonces me di cuenta de que Bernato nunca llegó, supe también que la
noche anterior tampoco hizo presencia en la enramada, pero lo más extraño de
todo es que nadie se notaba preocupado por
la repentina desaparición de Bernato. Más
bien pasaron los días y ni siquiera escuchaba mencionar su nombre ni tan sólo
por casualidad.
Todas
las noches. Cada vez que repicaban
las campanas de la iglesia iba temprano a mi cama, iba a esperar a Bernato y a
sus historias, pero mi espera nunca fue saciada, Bernato nunca volvió al lugar;
nadie supo nada más sobre aquel señor, pero eso no detuvo las reuniones en la
enramada.
Todo
mi interés se ha concentrado en analizar la primera y más relevante frase que
de labios de Bernato pude escuchar:
“Aquel incidente fue aparatoso, no hubo ningún sobreviviente”, sé
que de alguna manera esta tuvo algo que ver con la interrupción repentina de
sus noches de narración.
Xiomara De la Cruz es estudiante de Ingeniería en Sistemas, en el recinto Santo Tomás de Aquino de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.