A
LA POESIA
Voy hacia ti.
Derribo los cerrojos
que guardan tu morada. Entreabro puertas
que dan a salas frías y desiertas
sólo encendidas por celajes rojos.
La memoria me
guía, de tus ojos
la luz de tus verdades encubiertas,
y tiemblan celosías casi muertas
cuando voy tras tu soplo y tus
sonrojos.
Dónde estás, dónde estás, tú, la que
ansío,
forma de mi desvelo y mi vacío
susurrando en mis últimas estancias.
Dura carne de amor en el espejo
donde vives dormida entre distancias
entregándome sólo tu reflejo.
Manuel Rueda