Trópico suelto.
Poema en cinco acentos.

 

El tambor, a ratos,
va poniendo furiosos tus zapatos.
Ya con su limpia agilidad de fiera
trepa el son y trabaja en tu cadera.
La terca tempestad de la tambora
sopla la ola de tu vientre ahora.
Y tu taco toca, y tu taco así,
riega por el aire tu caliente Haití.
Reventó la selva, desde tu cintura
hasta el paraíso de tu mordedura.
Tu canción de curvas canta más que tú:
sabe los secretos que te dio el vudú.
Negra que sin ropa, tienes lo de aquel
que siendo secreto se quedó en tu piel.
Tiro mis ojos en tus pezones
cuando tu vientre derrite sones.
Trópico que bailas _deja que te siga
el terremoto de tu barriga,
terremoto alegre que sudando ron
con su voz callada canta más que el son_.
Negra desatada _deja a tu cintura
que se derrita con su calentura _.
Que ya van saliendo del ronco bongó
abuelos remotos del Papá-bocó
Abuelos que tienen en rumba enredados
tus supersticiosos pies huracanados.
Trópico furioso y alegre a la vez,
desde que tu rabia se bajó a los pies.
Ya te vas quedando vestida de viento.
Allí son tus pechos dos buches de ron.
Algo de la tierra me sube violento,
oigo que tus curvas cantan más que el son.
Y tu taco toca, y tu taco, a ratos,
echa al aire el Congo que hay en tus zapatos.

                                    Manuel del Cabral.